Terapias y Cursos a tu medida. Solicítanos información.

676 28 24 06

.

Cuando el duelo y el trauma piden ser sostenidos. Ver las flores en el asfalto

Todas las personas, desde que nacemos hasta que morimos, necesitamos ser vistas, escuchadas y tocadas para sentir que existimos y tenemos un valor.

Nuestras necesidades de afecto, intimidad física y emocional, seguridad, pertenencia e identidad se mantienen vivas con nosotras todo el tiempo. Y sí, eso nos hace dependientes de inicio hasta que aprendemos a pasar a estados más evolucionados de interdependencia en el vínculo con las demás y de autodependencia con nosotras mismas.

Y sí, todo ocurre en el vínculo. Todo lo que nos sana y todo lo que nos daña.

Y cuando las necesidades que tenemos no son satisfechas aparecen las carencias y los duelos. De forma pasiva y de forma activa a l no ser cubiertas.

No fuimos atendidas, no nos miraron, no nos dieron valor y ese dolor que nos genera lo perpetuamos haciendo lo mismo con nosotras.

O nos dañaron, nos abusaron o violentaron, nos generaron traumas complejos y dejamos de confiar en la vida porque el mundo dejó de ser seguro.

O perdimos, perdimos personas en el camino, perdimos salud, perdimos trabajos… y todas esas pérdidas nos generaron nuevos dolores, nuevos duelos.

El dolor y su proceso, el duelo se asienta en nosotras con todo un carrusel de emociones, y entonces viene la tristeza o llega la ira, o el miedo o todos a la vez. Y sostener todas estas emociones, atravesarlas y mantenernos en pie es difícil, sobre todo cuando no las quieres reconocer en ti.  Es entonces cuando, a base de negarlas, te quedes a vivir en ellas.

Y aquí viene el lío, y los atrapamientos y los aquí me quedo, en la rabia, o en la tristeza o en el miedo y ahí me conformo y subsisto como puedo, siempre haciendo lo mejor que puedo eso y sé, eso sí. No hay culpa.

Entonces, ¿qué hacer, cómo atravesar todos estos dolores que portamos, estos duelos y traumas que se nos han quedado detenidos y normalizados.?

Lo primero viene en forma de clave: abandona la lucha.

Deja de luchar, deja de pelearte contigo misma y con el mundo y sobre todo deja de negar todo lo que sientes. Y al revés, quédate contigo. Mírate, atiende dónde duele, cómo, cuánto y desde cuándo, reconócelo, tu cuerpo lo está gritando.

Deja de disimular, de hacer como que no pasa nada, suelta esas frases negadoras del sentir como qué le vamos a hacer, la vida es así, es lo que me ha tocado… frases que nos confunden y de paso nos enferman. Rebélate.  Puede que sí que haya cosas por hacer con todo eso que te ha pasado, con todo eso que tanto duele y, por ejemplo, empieza por reconocer ese dolor en ti.

Y lo segundo es todo lo que sí puedes intentar: integra las polaridades. ¿Qué significa esto? La vida constantemente nos ofrece su variedad y sus contrastes, para que podamos apreciarlos y sentirlos. Las polaridades nos muestran cómo es de día y luego viene la noche, nos cansamos y después descansamos, nos llenamos y más tarde nos vaciamos, sentimos dolor y sentimos placer. Dolores y amores formando parte de un todo.

Entonces aquí está el cambio, la revolución: en nuestra mirada, cuánto atendemos ese dolor que está, y cuánto entendemos en nuestra vida lo relacionado con lo que está en el otro polo: los placeres y los bienestares que también piden tener un espacio en ti.

Sé que puede parecer superficial poner aquí delante el placer como valor, y más en una sociedad educada para el sacrificio, el sufrimiento y el dolor. Que sí, existen, pero no sólo.

El caso es que hasta cuando estamos en grandes procesos de duelo y de trauma, incluso ahí puede existir una dosis mínima de bienestar y de placer que podemos sentir. Un poco de liviandad y de aire fresco entrando por la ventana en medio de la oscuridad y el ruido. Como las flores en el asfalto. Y esto, aunque parezca extraño es equilibrio y es buscar ese balance de vida que nos haga sentirnos mejor. Es posible.

Si soy capaz de sostener dolor, por pérdida o por daño, por duelo o por trauma en algún momento tendré que buscar darme esa polaridad de ese pequeño bienestar. 

Atiendo una parte difícil y cultivo una más fácil: mis bienestares, mis pequeños o grandes placeres han de ser convocados. Pueden ser unos minutos al sol, un paseo sola o en compañía, una comida rica que me doy, un contacto físico que me calma o un encuentro erótico que me expande… todo lo que me hace bien es bienvenido.

Y así el cuerpo, que porta duelo y que porta trauma empieza a integrar nuevas emociones, no para desplazar a las que ya estaban y llegaron primero sino para darnos una alternativa, ofrecernos una posibilidad de vivir algo más, de darnos permiso para sentir y ser algo más.

Cuidarnos y cuidar al otro, cuida a quien te cuida como dice Jorge Drexler en su canción, dar y recibir, pedir y agradecer. Procesos de vida.

Honramos nuestros procesos vitales. Los reconocemos y los despedimos y/o los integramos cuando hace falta. Y damos la bienvenida y hacemos sitio a los que están por llegar para calmarnos, para recordarnos que siempre somos más de lo que aparentamos ser y que la vida ahí está con todos sus contrastes y posibilidades para ser vivida y llorada y celebrada según momentos, siempre disponible.

Cambia tu mirada, rebélate, permítete mirar adentro y a fuera y sal a buscar todo aquello que te calme y te de bienestar. No es un acto egoísta, sino responsable y coherente con quién eres. 

Date el permiso para alejarte de lo que o de quien te daña, ofrece límites y pon distancia. El poder del otro sobre nosotras es importante, las personas nos afectamos y si nos daña tendremos que separarnos y si nos hace bien estaremos más cerca. 

Revisa cuánto puedes y cuánto no, y recuerda que, en este mundo de contrastes y polaridades, uno de los más potentes es el de dar y recibir. Y entonces es importante estar atenta a qué das y qué recibes, qué te dan y qué no, quién sí puede y quién no, y qué haces con todo ello.

Y en esos vínculos donde todo ocurre, incluido el que existe contigo donde te das y te quitas, recuerda la importancia de la Interdependencia y la Autodependencia como caminos. El primero como un formato de interacción constante con los demás donde dependemos en parte y lo reconocemos e incluso lo celebramos. Y a la vez somos autónomas porque nos podemos acercar y alejar todo el tiempo.

Y el segundo como un camino de responsabilidad con nosotras mismas. De conexión con nuestras necesidades, reconocimiento y búsqueda de ayuda, el pedir a las demás cuando no está en mi mano.

Y cerramos de vuelta al principio. Y parafraseando a la autora Virginia Satir en su libro: “En contacto íntimo”, afirmamos: 

“Creo que el mejor regalo que puedo recibir de alguien

Es que me vea,

Que me escuche,

Que me entienda y

Que me toque.

El mejor regalo que puedo dar es

Ver, escuchar, entender y tocar a otra persona.

Cuando se ha hecho esto,

Siento que se ha establecido contacto.”

Atrevámonos pues a vernos, también con nuestros dolores y nuestras heridas. Volvamos a escucharnos, a entendernos y a tocarnos. Y una vez hecho esto con nosotras mismas, vayamos al encuentro con el otro y la otra para continuar el proceso.

Y celebrémoslo.

Marta Pascual Calderón

Psicóloga general sanitaria y sexóloga.Directora y Fundadora de Espacio Psicología, Formación y Diversidad.

Artículos que te pueden interesar

Psicología

Cuando el duelo y el trauma piden ser sostenidos. Ver las flores en el asfalto

Todas las personas, desde que nacemos hasta que morimos, necesitamos ser vistas, escuchadas y tocadas para sentir que existimos y tenemos un valor. Nuestras necesidades de afecto, intimidad física y …

Psicología

El dolor: comprenderlo para poder transformarlo.

El dolor es una de las experiencias más universales del ser humano. A lo largo de la vida, todas nos encontramos con distintas formas de dolor: físico, emocional, relacional. Aunque …

Psicología

A propósito de la vergüenza: la mirada de dentro y la mirada de fuera.

La vergüenza es una de las emociones humanas más universales y complejas. Un origen asociado al respeto y la prudencia La palabra vergüenza proviene de verecundia, ligada a la modestia, …

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.