Primero un poco de Etimología.
La historia de envidia es muy reveladora, porque muestra cómo desde la antigüedad se entendía este sentimiento como una mirada torcida hacia lo que otro tiene.
Origen etimológico: Proviene del latín invidia.
Invidia deriva del verbo invidēre, formado por:
in-: “hacia” o “contra”.
vidēre: “ver”.
La idea original era literalmente “mirar con malos ojos”, “fijar la vista en lo ajeno con resentimiento” o “ver algo en otro que provoca desagrado o deseo”.
Evolución del significado
En latín clásico, invidia ya significaba:
Descontento por el bien ajeno.
Hostilidad o rencor hacia quien posee algo deseado.
También podía referirse a la mala fama o al rechazo social que alguien sufría.
En español, la palabra se mantiene prácticamente igual desde sus primeras apariciones en textos medievales, conservando ese matiz de deseo mezclado con malestar.
Curiosidad lingüística
En muchas lenguas europeas la envidia se asocia a la vista:
Inglés: envy (del mismo latín).
Francés: envie.
Italiano: invidia.
Alemán: Neid, pero existe Missgunst (“mirar con desagrado el bien ajeno”).
“La envidia es una declaración de inferioridad.” Cita de Napoleón, para él, la envidia revelaba más sobre quien la siente que sobre quien la recibe.
¿Por qué envidiamos?
Qué hace con esa envida, cómo la manifiesta.
Es una emoción social, se produce en relación con otro.
Para que exista ha de darse un sentimiento previo en quien la siente, que tiene que ver con cómo se siente en el mundo, consigo mismo/a y por ende, con los demás.
Quien envidia la denominaremos persona envidiosa
Y quien recibe esa envidia la llamaremos persona envidiada.
Y de personas envidiosas y envidiadas va este artículo, entrada, post o publicación.
Y persigue un único objetivo que tiene que ver con entender y ayudar a entendernos y a manejarnos con esta emoción que es especialmente difícil. Difícil de reconocer y por lo tanto integrar para quien la siente y más difícil todavía para quien la recibe, porque supone una alteración muy potente en el vínculo con la persona que se la pone delante.
Comencemos.
La envidia es una emoción reconocida dentro de la galaxia de las emociones sociales, cómo la vergüenza y también la admiración, la gratitud y cómo no, el enamoramiento, el amor y el odio.
Son sociales porque necesitan de la existencia de otra persona para que las sintamos y es ese otro/otra con su presencia o su vivir que nos generan esta emoción, en este caso la envidia.
Como emoción social necesita un caldo de cultivo que es individual, como comentaba al principio. Esto significa que no es primaria sin secundaria ¿a qué?.
Posiblemente a nuestra relación con nosotros mismos. Sí, los vínculos se dan con las demás personas, pero el principal es el que mantenemos a nivel interno. Son los famosos autos: autoconocimiento, autoconcepto, autoestima, autovalidación. autorregulación… todos esos aspectos de nuestra vida que nos han enseñado a trabajar tan poco tristemente en nuestra sociedad.
El problema de vivir esperando que todo lo que necesitamos venga desde fuera, que nos vean, nos regulen, nos valoren nos quieran sin una base propia va a ser la dependencia de los demás sí o sí. Y claro es un mal comienzo, porque si dependo de ti ya mi relación contigo va a estar alterada, porque va a aparecer una emoción muy difícil de sostener que tiene que ver con la familiar de la rabia, que es la frustración.
Si voy por la vida sin darme valor y sin conocerme voy a necesitar que los demás lo hagan por mí y aquí viene el lío. Porque en las relaciones personales, en los vínculos a veces nos vamos a complacer y otras, más, nos vamos a frustrar, es así. Conducirse por la vida tiene más que ver con aceptar esto y manejarse cada uno como pueda que con otra cosa.
Lo cierto es que, si uno va mejor equipado, y conoce sus limitaciones y sus dificultades y las va aceptando y las ve se va a relacionar con los demás desde un lugar de posibilidad, no de necesidad. Si me ves genial, si podemos compartir estupendo, si no te gusto o no me gustas, sigamos camino, nos respetamos si tenemos que mantener una relación (vínculos no elegidos familia y trabajo) y si son relaciones elegidas, que sean los más auténticas posible.
Y en este mar de relaciones hacia dentro y hacia afuera ¿qué pinta la envidia?
Casi que con todo lo que os he contado es fácil de averiguar. La persona envidiosa no busca ser tanta vista o reconocida por el otro, o sí, pero no es el núcleo de su emoción.
La persona que envidia se ve a sí misma, pero siente una insatisfacción vital que no está resuelta. ¿Qué significa esto? Que insatisfacciones sentimos todas las personas, la vida nos frustra todo el rato (también nos complace), pero en el caso de la envidiosa se activa esa frustración en ella al relacionarse con determinadas personas y entonces, pasan cosas.
Ejemplos
Si yo me siento insatisfecha profesionalmente y quedo a tomar un café con mi amiga Marga y me cuenta que está super contenta en su nuevo trabajo, que le estimula un montón que la gente es encantadora… etc entonces al momento me lleva a mí. Y yo vuelvo a sentir la frustración y amargura que me produce ir a trabajar, lo que me cuesta cada día ir al trabajo y lo mal que me siento con todo esto pero prefiero ni pensarlo…
Entonces el evento externo, la conversación me empieza a generar una serie de eventos internos: pensamientos (ajustados a mis creencias y guiones de vida) y emociones, principalmente rabia, frustración y envidia que me impiden:
- Compartir su alegría
- Alegrarme
- Ver a la otra persona en su totalidad.
¿Qué ha pasado? Que me ha hecho de espejo, como todo el rato todas las personas nos hacemos de espejo y me ha conectado con lo que yo me esfuerzo cada día en no hacer, que es convivir conmigo misma y mis dificultades.
Entonces de un plumazo y poseída por esa emoción de envidia se produce una alteración en la relación con mi amiga. Curiosamente parecida a lo que se produce en el enamoramiento, pero al revés.
Dejo de verla, y me imagino su vida. Y ya no me interesa lo que me cuente, porque me escuece y aunque me quiera compartir que por otro lado le va mal con su pareja, o que está pasando por un duelo, ya no la voy a escuchar. La envidia es una emoción tan dura que me altera en mi percepción del otro (la parte por el todo) y le simplifico, le reduzco y dejo de verle.
Puede pasar además que, a partir de ahí, ya no quiera ver a mi amiga Marga. Que me escriba y no la conteste en una suerte de conductas pasivo-agresivas. O puede que sí quede con ella y cuando estemos juntas necesite lanzarle puyitas, hacerle críticas injustas, desaires… porque he establecido una competición en mi cabeza.
Y en esa competición la he puesto por encima de mí, mejor dicho, yo me he puesto por debajo. Curiosamente ella ni se ha movido.
Y como la siento por encima necesito bajarla, normalmente a base de gestos que son microagresiones o agresiones completas, pasivas o activas, pero agresiones.
¿Y qué pasa con Marga? Básicamente no va a entender nada. Le va a parecer extraño al principio. Recordará nuestro encuentro como que yo estaba un poco rara, que parece que no me alegré de sus buenas noticias, igual tenía mal día.
Pero Marga empezará a observar que yo me muestro distante, que parece que no quiero quedar con ella y que las pocas veces que nos hemos vuelto a ver, eso sí, con más gente yo la he tratado de un modo especialmente duro, casi diría que agresivo y Marga se sentirá aturdida, queriendo entender qué pasa con nosotras y nuestra amistad.
La emoción opuesta es la Alegría por el bienestar de la otra persona, o incluso la admiración, emociones muy bonitas de sentir. Y me imagino que cuando hablamos de la envidia “sana” a parte de dar por hecho que la envidia no lo es, me imagino que nos referimos por esa suerte de alegría por el éxito o bienestar de la otra persona, que nos hace preguntarnos qué me pasa mí con ese tema que me presenta y es una prueba de que si lo tenemos más o menos encajado me voy a poder alegrar de verdad por la otra persona. Y si so, pues aparecerá la envidia para arañarme por dentro y de alguna querer hacerlo hacia afuera.
Conste que partimos todo el tiempo que todas y todos hacemos lo que podemos. Y nuestros sentimientos y emociones en el momento que aparecen ahí están y no hay modo de no sentirlos. Podemos negarlos y podemos mirarlos, a lo mejor nos traen un mensaje. Si yo me altero tanto con esta persona, o con esto que me ha contado igual algo tiene que ver conmigo. Igual echarlo un ojo estaría bien… o no.
¿A quiénes envidiamos?
Básicamente entre aquellas personas que se importan, que tienen presencia en nuestra vida es decir se dan dentro de los vínculos.
Todas las personas somos seres sociales, todas los somos. Y como tales vamos a buscar la relación con los demás para vincularnos. Por qué? Porque solo en el vínculo (que se produce de forma primigenia con nosotros mismos) vamos a encontrar la posibilidad de satisfacción de nuestras necesidades afectivas básicas.
¿Eso significa que somos dependientes? Así es, lo somos y toda la vida, lo importante es que además seamos autónomos y por ahí sentiremos más equilibrio.
Asumida nuestra dependencia de base sabemos que todo se produce en los vínculos. Que son las relaciones significativas que creamos con otras personas desde que nacemos hasta que morimos.
Y en esas relaciones que son importantes se van a producir unos intercambios de dar y recibir una serie de cosas, mejores y peores. Las deseables tienen que ver con aquellas que sí van a satisfacer nuestras necesidades afectivas básicas, que también sí, todas y todos tenemos: de afecto, de seguridad, de pertenencia, de intimidad y de identidad.
En los vínculos todo se va a dar, lo traumático y lo reparador, lo que nos daña y lo que nos salva. Y recuerdo, sobre todo en el vínculo con nosotros mismos.
Y qué vínculos existen, con quien nos relacionamos, ¿cómo nos acercamos a su inmensidad?
Os propongo un pequeño mapa:
En el mismo vemos una primera categoría y es que Los vínculos pueden ser elegidos o impuestos.
Y después aparece una segunda ya que, dentro de los mismos, pueden ser verticales y horizontales. Aquí el mapa coge una doble dimensión.
Vínculos Elegidos van a ser con todas aquellas personas que vamos a querer que nos acompañen a lo largo de nuestra vida. Principalmente: amistades y parejas (nuestra familia elegida).
Vínculos impuestos son todos aquellos que, para bien y para mal, nos vienen dados: familia (de origen y extensa) jefas y jefes, compañeras y compañeros de trabajo, ahí es nada.
Sí cruzamos las 2 variables qué creéis que nos vamos a encontrar? Una miscelánea en la cual se dan además conexiones.
La primera es que existe una relación y paralelismo llamativo entre las relaciones familiares y las laborales.
Por ejemplo las relaciones con nuestras madres y padres (que además son verticales hacia arriba por ser figuras de autoridad), se van a conectar con las de nuestras jefas y jefes en el trabajo.
Y las relaciones con nuestras hermanas y hermanos (que son horizontales y representan a nuestros iguales), se van a conectar con las de nuestras compañeras y compañeros de trabajo igualmente.
Y la segunda es que todo lo no resuelto en el origen (la familia) se va a intentar reparar en el siguiente sistema (el trabajo) y especialmente en el sistema relacional de la pareja.
Y todo ocurre de un modo inconsciente y todo el tiempo. Nuestro cerebro busca todo el rato la salud, y la reparación y nos lleva a un permanente ensayo y error en nuestras relaciones en busca de un sentimiento de equilibro.
Vale y después de toda esta digresión sobre los vínculos, ¿dónde va a operar la envidia?
Pues según hemos podido observar y comprobar se va a dar en los sistemas horizontales sean relaciones elegidas o no.
Es decir, sobre todo van a aparecer en nuestras relaciones con nuestras hermanas y hermanos, junto con nuestras compañeras y compañeros de trabajo (no elegidas).
Y también con nuestras amistades y parejas. Es fuerte, pero así es.
Y luego vienen las otras formas vinculares en las que no se esperaría que se diera la envidia, pero ocurren. Son las verticales, pero no de abajo a arriba sino de arriba abajo: es cuando siento envidia por mi hijo o hija, sí, ocurre o por mi empleada o empleado o persona que en realidad está por debajo de mí en el organigrama laboral.
Cuando la envidia se da en estas situaciones menos esperables es un sentimiento muy alterado, tanto para quien lo siente como para quien lo recibe porque es muy difícil de manejar y aceptar. Pero nos puede pasar.
Volviendo a las situaciones esperables y no exentas de coste, la envidia se da básicamente entre los iguales porque está conectada con la competencia y la rivalidad.
Más identificables en la fratria, por algo dicen que son las relaciones más difíciles que existe y donde aprendemos a manejar los celos (primos de la envidia) y también en las relaciones de amistad y de pareja. Que de inicio son entre iguales pero las luchas de poder y de dominancia muchas veces van a generar desajustes y posibilidades de que aparezca la envidia.
Así que sí, podemos envidiar a nuestras hermanas/os, amigas/os y parejas y/o ser envidiadas por ellas/os…
¿Cómo manejar la envidia?
Para la persona que envidia
Lo primero y como ocurre con todas las emociones es reconocerla cuando ocurre. Como todas ellas cuando la estamos sintiendo podemos negarla, el cuerpo lleva la cuenta y por más que nuestra mente haga como que no ocurre sí, se está dando y algo tienes que hacer con ella.
Si la niegas si no la atiendes, como a tantas emociones difíciles que te molesta sentir, te va a impactar más todavía. Porque necesitas tanta en energía en negarla, en desconectarte de ella, en ocultarla que te agota y te produce más frustración. Es decir le das más fuerza y genera un bucle da malestar en lo no visto y no revelado se apodera de tu propio estado de ánimo y bienestar.
Entonces párate, atiéndela y reconoce que existe. Que esa persona, tu amigo, tu novia, tu hermano te generan una envidia que te altera y no sabes qué hacer con ella.
Si ya te has parado y la has visto ya es un logro, enhorabuena. Y ahora mira a ver qué te está contando. Qué cosas de esas personas te alteran y tienen poder sobre ti.
Con qué aspectos de tu vida, con qué limitaciones, dificultades, frustraciones y amarguras varias te conectan.
Y entonces te das cuenta de que nada es lo que parece, y que esa persona no es responsable de tus sentires, porque claro, si el otro o la otra simplemente se comparan contigo desde un lugar de igualdad y respeto, si nada te imponen y en nada te agreden, el malestar que siente con ella no es hacia ella. Es contigo.
Y aquí ya están todas las claves, es contigo con quienes que resolver y es esa persona la que sin querer hacer nada te lo ha recordado. Con sus logros, sus alegrías, sus luces te están llevando a tu trabajo pendiente.
Y aquí viene la vuelta mágica y es cuando entiendes esto y ves que esa persona te ha venido a dar pistas sobre qué puedes hacer tú para cambiar, si es que es posible lo que te genera tanta amargura.
Y entonces la envidia se va a transformar en alegría por la otra persona, en admiración y si lo evolucionas mucho en gratitud.
Darle la vuelta y mirar adentro es tu opción, mira a ver qué encuentras. Te sorprenderá.
Y como extra está la empatía, el ver a la otra persona en toda su completud. Somos seres redondos.
Igual la envidias porque tiene éxito profesional, o porque tiene pareja, o dinero o un cuerpo estupendo o simplemente porque la imaginas feliz. Pero ahí está el punto, en esa valoración resumida de su vida que haces, en esa idealización/negación que haces hay muchas cosas que no ves de ella.
Sus dificultades, sus costes, lo que ha tenido a lo mejor que empeñarse para conseguir lo que tiene o mantener lo que le ha venido dado. Y sus sombras, sus miedos, sus temores e inseguridades, ¿acaso crees que no los tiene? ¿Igual en el aspecto que tú decides ver no, pero y en el resto?
Cuando te das cuenta de esto tu mirada cambia, y tu actitud. Y te genera un interés de conocer más de su vida, en conocerla más al fin y al cabo y dejar de dar todo por hecho y por sabido. Aparece el deseo de saber y de abrirnos a la otra persona de una forma mucho más serena y tranquila. Y la otra, nos lo va agradecer profundamente.
Para la persona envidiada
La persona que recibe las envidias del otro normalmente pasa por diferentes fases y emociones. La base es un sentimiento de incredulidad y de injusticia.
Recibir la envidia de otro es recibir desaires, conductas pasivo agresivas, o activamente agresivas y no entender por qué.
También genera un sentimiento de incomprensión y de no poder contar. Cuando sientes que este amigo o esta hermana o tu pareja no pueden recibir determinadas informaciones de ti la emoción que se genera es de dureza y de injusticia.
Sentir que no se alegran de tus alegrías te puede generar dudas. Sobre ti misma y sobre tu relación con esa persona. En cuanto a ti te puede llevar a pensar qué estás haciendo mal para que se porte así contigo. ¿Estaré siendo demasiado presumida? ¿Será que tengo que aprender a no compartir mi vida cuando me va bien? ¿Me falta empatía y responsabilidad afectiva?
Puede que sí pero mayormente es que no. Lo cierto es que normalmente la emoción que generas en los demás no lo puedes controlar y a veces tu sola presencia ya lo está generando. Y ahí lo único que puedes hacer es una cosa: verlo.
Es difícil pero como siempre lo más equilibrado y auténtico. Pero cuesta reconocer que tu hermana, o tu marido o tu padre… sienten envidia hacia ti, es realmente duro.
De nuevo, una vez reconocida la emoción todo es más fácil. El siguiente paso es observar en vuestras interacciones qué ocurre. Observar sin más hacia adelante y hacia atrás hasta comprender y aceptar que sí está pasando.
Y darte cuenta de que hay cosas sobre las que no puedes intervenir y la envidia de los demás es una de ellas. Entonces te propongo lo que sí puedes hacer y lo que no.
Sí puedes elegir cómo relacionarte con esa persona y de alguna forma protegerte. Sí, como adultos es parte de nuestra responsabilidad con nosotros mismos. Si sientes que estar con esa persona, compartir vida con ella te daña, tienes que saber que tienes el derecho de no hacerlo. O al menos elegir cómo hacerlo.
Y lo que no puedes hacer es dejar de ser tu. Dejar de mostrarte tal cual eres, perder tu espontaneidad, dejar de brillar y hacerte pequeña, enmascarar al fin y al cabo tu comportamiento para que tu hermana o tu mujer se sientan mejor. No lo hagas, no sirve para nada y al final aumenta el displacer para las dos partes.
La responsabilidad emocional empieza con una misma y alterarse para complacer al otro acaba siendo muy irresponsable. Y al final todo esto que hemos hablado tiene que ver con el vínculo que cada uno tenemos con nosotros mismos. Permite que cada uno se autorregule a tu lado, no le ofendes con tu existir y si así fuera es un trabajo en el que no tienes nada que ofrecer.
La envidia viene a recordarnos la dificultad de las relaciones sociales y también la maravilla. Cuando una sale de esa carretera cortada se da cuenta de que la vida te muestra muchas más opciones, con sus placeres y sus frustraciones así es.
Conduce tranquila, con respeto y atención a lo que te vas encontrando. Con humildad y serenidad observa tus vínculos y cuídalos todo lo que sea posible y acepta todas las limitaciones que te ofrecen porque se trata de ti y se trata de dos.
Marta Pascual Calderón | Directora de ESPACIO, Psicología y Formación







