CINTAS VHS
1990 en un barrio de Madrid, tengo 4 añitos, no sé en qué estación del año estamos… ¿me visita la autoconsciencia por primera vez?
En mi casa hay un cajón lleno de cintas de video caseras VHS y crezco viendo esas cintas en la tele. De vez en cuando mis padres las sacaban para amenizar encuentros con familiares y amigos, observo que los adultos se ríen y me elogian con entusiasmo:
“Que guapo y salao que es este niño…”
El cámara casi siempre es el mismo, mi abuelo Alberto, escucho sus comentarios mientras me graba, se ríe y me sigue el juego hasta el infinito y más allá. En los videos casi siempre aparezco disfrazado, actuando, dibujando, jugando muy hiperactivo, con los demás o solo, moviéndome de un lado para otro sin cese, explorando los objetos que hay a mi alcance, pero también frenando en seco cuando algo llama mi atención para observar detenidamente. No recuerdo ser muy consciente de que me estuvieran grabando, simplemente era yo siendo yo como en cualquier otra situación sin cámara.
El recuerdo más recurrente sobre mi infancia es una de esas cintas en la que estoy subido a la mesa del salón, justo bajo los focos de una lampara de techo, con un pie de micro delante de mí, la raqueta de tenis de mi padre entre mis manos como si estuviese tocando la guitarra y un mantel enganchado a mi cuello, con una pinza de la ropa simulando que es la capa de Superman. Feliz, improvisando la letra de canciones que me inventaba sobre las Tortugas Ninja, cantando y bailando, o contando en automático chistes de adultos que no entendía…
CARTAS AROMÁTICAS
1993 en un aula de Primaria, tengo 7 añitos, es primavera, pensando en el final de curso, ya no queda nah pa las vacaciones… me flipa el verano, la playa, la piscina, la sobredosis mañanera de dibujos animados y series del Club Megatrix, la noche a la fresca, un balón de fútbol, 100 pesetas y la calle.
De repente escucho risitas, mi compañero de detrás en modo mensajero, me pasa un sobre de color rosa con corazoncitos, mientras las niñas de mi alrededor me miran expectantes y balbucean entre ellas. La abro desconcertado con cuidado de que la profe no me pille y saco una de aquellas cartas aromáticas de los 90 con forma de osito y olor a fresa. La leo y…
FRUTOS SECOS
1994 en los frutos secos de mi barrio, tengo 8 añitos, ya es verano:
“Un flash de lima limón por favor…”
Desde el futbolín me llaman unas chicas que ya tienen tetas, son muy altas y llevan pearcings, están acompañadas de los malotes mayores del barrio. Estos me miran y se ríen en plan cabrones. Yo compro y me voy, me hago el loco, miro al suelo y del miedo no se ni caminar… salgo pitando de allí y las chicas me gritan de lejos:
“Pero que guapo que es el cabrón… ¿¿oye tienes novia?? ¡¡Cuándo te hagas mayor llámame!! ¡¡Ya te pillare yo a ti dentro de unos años!! ¡¡Guapoooooo!!”
PINBALL
1995 en mi colegio, tengo 9 añitos, es navidad, se abre la puerta de clase, es el director y la jefa de estudios, pregunta a mi profesora por un alumno llamado y apellidado como yo. No entiendo porque me buscan, pero me alarmo mucho muchísimo y me pregunto si ha sido por tirar el filete de ternera por la ventana del comedor. En mi clase estábamos sentados en forma de “U” así que todos/as nos veíamos las caras, mi profe me señala y me sonríe, se acercan los tres adultos y me entregan un Pinball del Pato Donald delante de toda la clase:
“Por favor démosle todos un fuerte aplauso, has ganado el concurso de dibujo de Christmas de tu curso y este es tu premio”.
Observo como me aplauden, estoy feliz, pero me da vergüenza. Escucho comentar a algunos compañeros/as:
“¡Pues no dibuja tan bien!, ¡El Christmas de Pepita es mucho mejor!” Pepita asiente convencida de la injusticia, “¡bah, ese pinball es una gitanada del todo a 100!”
No sé qué hacer, ni que decir, algo me duele dentro, tengo ganas de llorar y necesito que ese momento acabe inmediatamente. Así que… marchando una de apego ansioso… Entonces miro a Pepita y le digo:
“Es verdad Pepita, el tuyo es mejor”.
Miro a los demás:
“Puedo prestaros el pinball para que juguéis…”.
Responden rotundamente entre risas:
“No”.
MISTER MI BARRIO
1997 en las fiestas de mi barrio, tengo 10 añetes, es agosto, tres niñas habían confesado su amor por mí de manera consecutiva en los últimos años, Lorena en 1995, Jessica en 1996 y Vanessa en ese verano de 1997. Ese año las tres deciden sin mi permiso inscribirme en el concurso de Míster Mi Barrio. A su vez, mi mejor amigo Toni y líder del grupo, también se inscribe por su cuenta.
Cuando llega la tan esperada ceremonia al más puro estilo Noche de fiesta de José Luis Moreno, subo al escenario con mi peto vaquero y mi flequillito de Back Street Boys, cagao por dentro y cumpliendo lo que se esperaba de mi por fuera. La victoria se la llevaba el concursante más aplaudido, así que… marchando una de presión social… no se me ocurre otra cosa que agitar las manos mientras desfilo para avivar los aplausos de mi público, en plan Bisbal.
Y claro, lo peté que flipas, Míster Mi Barrio 1997. Toni quedó segundo, siempre he pensado que él es más guapo, pero yo hago mejor el tonto. Nunca hemos compartido ningún comentario al respecto de ese resultado… ni él, ni yo…
OLIMPIADAS
1998 en el gimnasio de mi colegio, tengo 11 añetes, es mayo, sentados en la pista la profe nos anuncia que se van a celebrar las famosas Olimpiadas de Atletismo de Leganés, y que todos no podemos ir.
Para resolver dicha cuestión, se seleccionarán a tres alumnos de 6º A, tres de 6º B y otros tres de 6º C, que serán la apuesta deportiva de nuestro colegio para que su participación nos siga llenando las vitrinas de medallas y trofeos.
Semanas más tarde, la profe me entrega un sobre para que mis padres me autoricen a participar en las Olimpiadas. Lo que más ilusión me hace es que han seleccionado también a dos de mis mejores amigos de clase.
Llega el día y yo participo como velocista en carreras de 100 metros lisos contra otros colegios de Madrid. Gano varias medallas. Lo intento hacer lo mejor posible, pero recuerdo que solo estoy centrado en disfrutar de un día de cole sin cole y con mis amigos.
Llegan los podios y las fotos para el recuerdo. Mis amigos no han ganado medalla:
“¡Oye! ¡no me jodas! Danos una medalla para cada uno tío, que si no en la foto van a ver que nosotros no hemos ganado ninguna…”
Ahora no lo recuerdo bien, han pasado muchos años, creo que para ellos era importante mostrarse victoriosos… en las fotos salen luciendo mis medallas en su cuello, yo parezco feliz y alegre así que no hay problema, ¿no?
MARICÓN
1999 en mi casa, estoy en mi mítico cuarto de jugar, todavía con 11 añetes, saltando en una cama elástica del Decathlon e imitando a hacer mates como los Bulls de la NBA. Justo hoy ha sido mi último día en el colegio, hace un calor que flipas y estoy deseando que arranque mi tan ansiado verano. ¡¡La vida promete!!
Cuando empiece el instituto el curso que viene cumpliré entonces ya 12 años. Es que soy sagitario y todavía se nota que soy de los pequeños. ¡¡Puff!! esta mañana con las notas en mano me ha pasado una cosa que no se gestionar, no sé si sentirme contento o qué coño sentir… pero sigo con nervios en el estómago…
María La Rubia me ha pedido salir. Todos dicen que es la chica más guapa y con mejor culo de toda la historia de mi barrio. Eso dicen todos…
De repente, mi madre me grita desde la entrada de mi casa:
“¡¡¡Alberto te llaman al telefonillo!!!”
Doy mi último brinco, cojo el balón y salgo corriendo por el pasillo:
“Sí, vale, ya bajo… mami me bajo con estos”.
Abro la puerta del portal, no está Toni, meto un pase a estos… Iker frena el balón con la suela del pie, se ríe y mira con complicidad a los demás. Me uno al corro:
“¿Se lo digo yo o qué?” Los demás asienten y continúan las risas. “Ya nos hemos enterado. Me han contado que María La Rubia te ha pedido salir y tú le has dicho que no. A todas las chicas que te piden salir les dices que no, ya llevas varios años en nuestro grupo y nunca te has enrollado con nadie, no te has dado ni un beso. ¿No te gusta ninguna? ¿no te gustan las chicas o qué?”. Más y más, y cada vez más risitas entre ellos… “Así que como has rechazado a tantas chicas e incluso a la tía más buena del barrio, solo puede ser por algo… ERES MARICÓN, y en nuestro grupo no queremos maricones.
FIFA 99
“¿Hijo que haces aquí otra vez? ¿vaya cabeza tienes… qué se te ha olvidado ahora?… ¿pero ya te subes?… Pero si acabas de bajar…
Disimulo involuntariamente por defecto, mi madre continúa recogiendo la cocina y no repara en ello, mi padre tumbado en el sofá no sabe si voy o vengo, y mi hermano pequeño no está en casa. No sé qué siento, es nuevo, ahora sé que sentía vergüenza, sentía culpa, quizás sentía ansiedad, todo el dolor y la tensión se me acumulan en el estómago, a lo mejor llorar me aliviaría, pero la simple confusión de no comprender no me permite sacar las lágrimas. ¿qué está pasando? ¿que he hecho mal? ¿porque les he decepcionado tanto? ¿me he quedado sin amigos?…
En algún rincón de casa y de mí mismo encuentro la calma en silencio y soledad. Le pido a mi padre el ordenador para jugar al FIFA 99 durante los 20 minutos reglamentarios de cada día, ni un minuto más.
A partir de aquella tarde, esos 20 minutos diarios de FIFA se convirtieron en el oasis de mi verano de 1999. Por un rato podía distraer a mi cabeza, no pensar, tener un propósito claro, incluso disfrutarlo… hasta que…:
“Alberto es para ti… es Iker, dice que bajes…”
Descuelgo el telefonillo:
“¿Tú bajas o qué?” Otra vez se escuchan risas.
Me llamaban todos los días, cuanto más me insistían más miedo tenia a que me volviesen a llamar. Después de varios días o semanas entre FIFAS y excusas, un día mi madre me pregunto qué, porque no bajaba a la calle, porque no bajaba a la piscina, porque no quedaba con mis amigos, porque me quedaba en casa… y se lo conté:
“Inténtalo hijo, vuelve a probar, no vaya a ser que te quedes solo y sin amigos”.
Al día siguiente me volvieron a llamar, me armé de valor y nerviosito perdido me bajé con estos a la piscina. Ese día tampoco estaba Toni.
Hicimos como de costumbre un mosaico de toallas entre pipas Tijuana y Pelotazos, yo no sabía ni de qué hablar, ni con cual de ellos relacionarme, sentía desconfianza, alarma, desidentidad, una inseguridad muy nueva en mí, un silencio lejos de mi esencia natural y estoy convencido que se me olía a kilómetros…
Iker se bajó el bañador, uno se sacó la genitalia de por aquí, otro me enseñaba el testículo del más allá, que si chúpame lo de arriba, que si ráscame que mi pica lo de abajo… en fin… como diría Leonardo Dantes “Tiene nombres mil el miembro viril…”
A veces, las madres nos quieren tanto que nos animan a lo que menos miedo da, pero sin querer, nos empujan a lo que más daño hace.
EL SUBIDÓN
El resto del verano lo pasé sobre todo con mis padres en el pueblo, allí no tenía que estar encerrado en casa, estaba rodeado de naturaleza, de agua y sol, acompañado de mi familia, pude tomar distancia, fue como el descanso de un guerrero donde se cura las heridas.
Pero yo seguí intentándolo los ratos que regresábamos a Madrid, esporádicamente también probé nuevas experiencias. La verdad… no sé cómo llegué a aquellos entornos sociales, pero llegué, de algún modo llegué a una especie de cajón de objetos perdidos del barrio: pardillos del colegio, empollones consolidados, jóvenes promesas del colectivo LGBTIQ+, víctimas de bullying desde a.C., niños que vivían solo con sus abuelos y algún chaval al que le faltaba un golpe de gratinao… Y allí estaba yo, buscando mi lugar en el mundo. Fue bonito mientras duró, y se portaron muy bien conmigo, pero por lo que sea… no cuajó…
Ha llegado el fin de las vacaciones, son las 20:30 y ya está anocheciendo, acabamos de llegar del pueblo, estamos aparcando y yo estoy mirando por la ventanilla:
“Mira Alberto, ahí está Toni sacando a la perra… venga dile algo, ve con él, salúdale por lo menos… y después os vais a tirar la basura juntos como hacíais antes…”
Toni vive en un noveno. Estamos subiendo en su ascensor para dejar a la perra y bajar la basura. Recuerdo que tardaba mil años en llegar hasta arriba y te daba tiempo a hablar de cualquier cosa:
“Oye Alber que… no me gusta el rollo que llevan estos, últimamente quedan en una casa todos para ver pelis porno mientras se hacen pajas en grupo… si quieres ahora cuando empecemos el insti creamos otro grupo, tú y yo…, ¿Vale?”.
FIN
Antonio Domingo | Trabajador Social







