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Envidia by Delfina Mieville

Cuando hablamos de envidia nos imaginamos a veces a alguien malvado mirándonos mal. Una suerte de bruja malvada. Pero es algo que cruza nuestras calles todos los días.

En el presente artículo pretendemos poner un poco de luz a cuando esta emoción completamente legítima, influye negativamente en lo que hacemos o no hacemos a nosotras o a los demás.

Empecemos por algo muy materia que puede ser el dinero o el acceso a recursos. Puedo haber nacido en una familia de escaso recursos que además tuviera mala suerte en los
estudios.

Para esto es muy importante no confundir envidia con justicia social, esto es entender que como sociedad debemos luchar por que el acceso a los recursos y el reparto de ellos sea lo más justo y equitativo. No podemos hacernos las locas y decir de entrada “quien quiere puede” por qué a veces, no. No se puede.

Ahora pongamos el foco en que hace cada cual con sus recursos. Emocionales, sociales, materiales. ¿Qué hago conmigo? ¿Estoy aquí esperando que pase algo ahí fuera?

Existe una expresión en España que creo que deberíamos eliminar. Cuando nos vamos de viaje, o hacemos un plan bonito decimos: “que envidia” en el mejor de los casos “que suerte”.

En el momentos que soltamos esta perla dejamos de celebrar la vida del otro. Y eso es question sinequanom, no esperemos que nos celebremos la nuestra.

Porque ¿Debería quedarme en casa sin viajar sufriendo cristianamente para que tú estés a gusto? Y es que si, aún vende mucho “sufrir”.

La envidia es desear tener lo del otro sin pasar por lo que el otro pasó. ¿De verdad quieres esforzarte y hacer lo que ella hizo, o solo el resultado?

Incluso a veces se desea simplemente que no lo tenga. Es un “chínchate “ infantil en un cuerpo de 40 años. El concepto “tengo derecho a“ o “la vida ( o mis padres o el sistema o los hombres etc..) me debe algo”.

Tú te lo mereces todo. Pero la vida no te debe nada. Son cosas diferentes.

La envidia actuada es un veneno silencioso, pero que actúa. No creamos que es algo que se queda el envidioso para sí. Alguien espera algo de ti por que tiene más y no se lo das. O tú eres o tiene algo que el otro percibe que no tiene, la persona inconscientemente envidiosa empieza a ejercer mini agresiones o agresiones sin más.

Te llama menos. Espera que pagues tú la cuenta. Habla mal de ti. Cambia el vínculo contigo sin haber hablado o negociado.

Y si eres tu: Llamas menos. Esperas que te incluya en su éxito. Hablas mal de él/ella. No compartes información valiosa. Sabes que hay una plaza de su puesto y no lo dices. Eres mas seco. Desprecias. Te colocas por encima. Mandas WhatsApp extraños. No te preocupas por cómo está. No hablas y no compartes.

Todo esto en lugar de quedar con tu amiga y le de decirle :”el hecho que tú seas madre ahora me Revuelve un montón. No tiene que ver contigo. …” O le dices a tu amigo “ no se porque pero esperaba que teniendo tú ese puesto pues me ayudaras en …,”

En lugar de hacerte cargo, Agredes. Por que yo no ascenderé, pero tú tampoco.

Una reflexión desde lo sistémico es que no entendemos la jerarquía en las relaciones o instituciones. Imagina que tu gran amiga es jefa de departamento neurología de un hospital y tú estás en segundo de carrera. Eres un genio. Pero estás en segundo. Tu amiga te puede ayudar con apuntes, hacer alguna ronda. Pero no podrá darte un trabajo por el que no estás aún preparado. Tu amiga no es más que tu. Pero está en una jerarquía mayor que tú en lo que se refiere a trabajo.

Y esto entre trabajadores autónomos es aún más difícil de diferenciar.

El patriarcado opera activamente a que se manifiesten estas actitudes. Repito, no hablo de justicia social ni de no cooperación. Por qué la envidia y el egoísmo operan juntos. Tú no me das, yo no te doy. Me guardo todo, por qué “los recursos son escasos. Mío, mío, mío.. yo yo”. Acumulación, lejanía, carencia. Miedo.

Con envidia, no hablo solo de la Emoción. Si no de una emoción no trabajada, que no habla claro y actúa de modo siniestro. La vida duele a veces, a veces no es justa. Y tengo todo el derecho a sentirla. Ahora, no tengo ningún derecho a agredir con ella.


Tienes derecho a transitarla y que puedas hablar de ella. Se debería poder expresar.

Si no siento que tengo familia o me siento es humano que envidie quien si tiene gente cerca. Si tengo un tema de salud que me imposibilita hacer lo que quiero obvio que miro con deseo quién puede. Y a veces será verdad que no me cuidan y no me echan una mano. Pero no siempre.

“Ojalá yo pudiera, ojalá tuviera” y a veces ese vacío jamás se resolverá. Igual jamás volverás a correr. Y siempre tendrás envidia de quien corre. Pero podrás intentar vivir con ello. ¿O prefieres atropellar a todo el mundo para que nadie corra jamás?

Lo que sí puedo hacer es ver qué puedo hacer yo y dejar de poner la responsabilidad fuera. No solo tener más amor, si no Ser más amor. No solo tener mejor trabajo pero igual ser mejor trabajador.

O acercarnos desde el respeto y preguntar ¿Tú cómo lo haces?

Delfina Mieville Manni
Sexóloga miembro de la FESS( Federación Española de Sociedades Sexológicas). Socióloga. Experta en Genero y Derechos Humanos. Terapeuta Gestalt y Humanista.

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